La necesidad de un Ingreso Básico Universal
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Por Philippe Van Parijs
Vivimos en sociedades donde muchas personas no tienen acceso a oportunidades reales para llevar la vida que desean. La desigualdad y el desempleo estructural hacen que algunos queden excluidos de la economía, no por falta de esfuerzo, sino por limitaciones del sistema. Por eso propongo un Ingreso Básico Universal (UBI, por sus siglas en inglés): un ingreso garantizado, individual y sin condiciones, que se da a todos, independientemente de si trabajan, cuánto ganan o de su situación familiar.
El ingreso básico no es simplemente un subsidio más: es un derecho ciudadano. Se diferencia de los sistemas de renta mínima existentes en tres puntos:
1. Es individual: cada persona lo recibe directamente, sin importar el hogar en el que viva.
2. Es universal: se otorga a todos, independientemente de otros ingresos o beneficios.
3. No depende del trabajo: se recibe aunque la persona decida no trabajar o trabaje poco.
Este enfoque reconoce que todos participamos de los recursos y oportunidades de la sociedad, y que la vida de una persona no debe depender únicamente de su capacidad para obtener empleo remunerado.
Un ingreso básico permitiría que ciertas ocupaciones, hoy inviables por bajos salarios o pocas horas, puedan aceptarse. Además, no reducirá necesariamente los salarios, ya que las personas solo aceptarán trabajos que sean atractivos para ellas, considerando formación, interés o condiciones de vida.
Desde el punto de vista administrativo, la UBI es más simple y menos costosa que los sistemas de beneficios condicionados, porque elimina la burocracia de verificar requisitos y solicitudes.
La UBI no significa que todos recibirían dinero extra a costa de otros. Para quienes ya reciben beneficios, la UBI reemplazaría parcialmente estos pagos; para los trabajadores, podría ajustarse mediante impuestos; y para quienes no tienen ingresos, como amas de casa, la sociedad podría financiar su ingreso de manera justa. A largo plazo, se podrían explorar impuestos ambientales o europeos para sostener el sistema de manera progresiva.
Más allá de la economía, la UBI es una cuestión de justicia social y libertad real. La libertad formal —el derecho a elegir— no es suficiente si no contamos con los medios para hacerlo. La UBI permite que quienes tienen menos recursos puedan vivir con dignidad, tomar decisiones sobre su vida, estudiar, cuidar de su familia o participar en actividades no remuneradas pero valiosas.
Si bien los movimientos verdes y progresistas han apoyado la idea, los sindicatos tradicionales a veces se muestran reticentes, porque la UBI no depende del trabajo. Sin embargo, con un debate público informado y ético, podemos construir apoyo político para un sistema que beneficie a todos y fortalezca la solidaridad.
El ingreso básico universal no solo responde a la pobreza o al desempleo; es una herramienta para maximizar la libertad y las oportunidades de todos. A largo plazo, podría implementarse incluso más allá de las fronteras nacionales, adaptando impuestos y redistribución a nivel internacional.
En resumen, un ingreso básico universal no es solo un beneficio económico, sino una manera de garantizar igualdad de oportunidades, justicia social y libertad real en nuestras sociedades.
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Extraído de la entrevista: “The Need for Basic Income: An Interview with Philippe Van Parijs”, Imprints, vol. 1 no. 3, marzo 1997, realizada por Christopher Bertram.