Se va el presidente, queda el Pueblo
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Por Catalina Alférez.
En medio de graves hechos, alertas, fallas y denuncias sobre un inminente fraude en las próximas elecciones presidenciales convocadas para el 31 de mayo en Colombia, el presidente Gustavo Petro ha pedido a los millones de seguidores que se inscriban como testigos para cuidar los votos.
El riesgo de fraude es muy alto y, por la experiencia en procesos pasados tras la manipulación indebida que terminó en pérdida de votos, la solicitud del presidente ha sido acogida y la ciudadanía en general, abogados y organizaciones sociales están dispuestas a defender cada voto.
Los colombianos tienen claro que están entre la vida y la muerte; la disputa es entre la continuidad del cambio progresista o regresar a la gobernanza paramilitar liderada por el uribismo y sus tentáculos.
Hace unas semanas, el presidente Gustavo Petro incluso solicitó al registrador Hernán Penagos transparencia electoral permitiendo el acceso al código fuente del software electoral; sin embargo, el registrador cerró la posibilidad y se amparó en que el sistema es principalmente manual, pues los resultados se generan en las actas que entregan los jurados de mesa y no en el software.
Lo cierto es que, a pocas horas de la elección del sucesor de Gustavo Petro, en manos del pueblo está la decisión y se espera que la participación masiva de la ciudadanía sea suficiente para impedir el fraude y lograr así escoger al nuevo presidente de los colombianos en primera vuelta.
Hasta el momento las encuestas señalan a Iván Cepeda como el próximo ganador y, por lo que se ha visto en los eventos públicos y el respaldo contundente hacia el segundo gobierno progresista, es poco probable que se llegue a una segunda vuelta, porque las mayorías quieren que Iván Cepeda sea el presidente para el período 2026-2030.
La decisión del pueblo colombiano el próximo domingo marcará una hoja de ruta que afectará también al Sur Global e impactará políticamente a nivel mundial, en momentos en los que el mundo se debate entre el retorno al fascismo y lo que implica, o preservar la lucha frontal y valiente por el respeto de los derechos civiles y humanos para oponerse a la ola de barbarie que el gran capital mundial quiere imponer. Colombia es un país estratégicamente localizado y su pueblo, compuesto por una diversidad de etnias y culturas, sabe bien los dos caminos diametralmente opuestos que tienen enfrente. De un lado está seguir respaldando el proyecto progresista y democrático que durante cuatro años ha liderado el actual presidente Gustavo Petro, o regresar a la gobernanza paramilitar encabezada por el expresidente Álvaro Uribe Vélez.
Siendo honestos, por las reacciones del pueblo en las diferentes ciudades y municipios del país, el rechazo es contundente hacia Uribe y sus dos candidatos: Abelardo de la Espriella y Paloma Valencia. No quieren más ese modelo para Colombia. No pueden resistir más crueldad y violencia en regiones donde ahora hay esperanza y futuro, gracias a los cambios que ha generado el inicio de una reforma agraria iniciada por el gobierno del pueblo, el de Gustavo Petro.
El mundo está observando y la decisión de los colombianos en las próximas elecciones presidenciales definirá verdaderamente un orden no solo nacional sino mundial. Los colombianos, que ahora tienen voz en el escenario internacional, influyen para que se siga evitando el exterminio de pueblos enteros sumidos en la miseria y la desesperanza, o que, por el contrario, los representantes del fascismo y la barbarie continúen ganando terreno y se apoderen cada vez más de la vida de quienes se les atraviesen en su camino.
No cabe ninguna duda de que estamos viviendo la hora de los pueblos y muchos de ellos son plenamente conscientes; saben bien que en sus manos y con sus decisiones están trazando el rumbo de las naciones. Solo la humanidad unida podrá impedir que el fascismo siga carcomiendo las entrañas de la vida.
A los colombianos les tocó tomar las riendas progresistas y con arrojo y valentía oponerse a la barbarie que quiere demoler a más millones de humanos. La disputa ya no es entre derechas e izquierdas o entre conservadores y liberales, no, señores; ahora la disputa a muerte es entre humanos e inhumanos y eso la mayoría de los colombianos lo tiene bien claro. En unos meses, si los tentáculos de los opositores se lo permiten, el presidente del pueblo, Gustavo Petro, terminará su mandato y saldrá de la Casa de Nariño. Se irá con la cabeza en alto y con un 57% o más de aprobación y respaldo de la mayoría de los colombianos que lo eligieron y que hoy reciben, a pesar de tantas trabas y trampas de la ultraderecha colombiana asentada en la mayoría de las instituciones del Estado, los beneficios de otra forma de gobernar. El pueblo sabe muy bien que gracias al primer gobierno progresista liderado por Gustavo Petro sí es posible vivir con dignidad, trabajar, estudiar, tener acceso al agua potable, a una vivienda digna e incluso a los servicios preventivos de salud, entre otros derechos.
Ahora saben que un salario vital es una necesidad y no un lujo, y que proteger y defender los recursos naturales es un apremiante e indispensable propósito que puede salvar el planeta. No hay que negar que la historia de Colombia se partió en dos y ahora hay un antes y un después de Gustavo Petro.
El país, que ya está viviendo un cambio, nunca será el mismo. Por eso las próximas elecciones para escoger presidente en Colombia el 31 de mayo son, sin duda, una de las contiendas electorales más importantes de la actualidad nacional y mundial.
Vamos a ver si la injerencia internacional logra impedir que los colombianos elijan a Iván Cepeda, quien, según la sabiduría popular mayoritaria, representa cuidar la vida y la esperanza real para los niños, niñas, jóvenes, viejos y viejas del país. Con el voto, los colombianos saben que tienen dos caminos: regresar a la gobernanza paramilitar y al horror de vivir entre masacres, fosas comunes y brutalidad en las regiones apartadas, o continuar con el cambio hacia la construcción de un mundo mejor y civilizado.
El pueblo, que es soberano y libre, tiene claro que Colombia, a pesar de todos los esfuerzos del gobierno Petro, sigue golpeada por el crimen, especialmente el originado por el narcotráfico. El enorme esfuerzo hecho por Gustavo Petro para lograr la paz necesita de más trabajo para seguir fortaleciendo las bases que deja.
Se va Gustavo Petro y la conciencia popular asegura que queda un país más humano y digno. Contra viento y marea, contra todo el sistema que tiene el uribismo desplegado en las diferentes entidades estatales, contra todos los medios corporativos de desinformación mintiendo constantemente, contra los grupos armados ilegales e incluso contra cipayos que buscan que se bombardee el territorio colombiano; el presidente Gustavo Petro resistió y le cumplió a su pueblo.
Terminará su mandato y, muy posiblemente, si se permiten elecciones limpias, habrá un segundo gobierno progresista encabezado por el hoy senador Iván Cepeda, ganando contundentemente en primera vuelta.
Catalina Alferez
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