Bandalos te invita a subscribirte a nuestro canal de YouTube: www.youtube.com/c/Bandalos

Bandalos te invita a subscribirte a nuestro canal de YouTube: www.youtube.com/c/Bandalos

Buscar

¿Qué sociedad somos? Un espejo incómodo para Colombia

¿Qué sociedad somos? Un espejo incómodo para Colombia

Cuota:

La pregunta sobre qué tipo de sociedad somos vuelve a aparecer con fuerza en un momento político cargado de tensiones, miedos y símbolos. No es una pregunta nueva, pero sí una que Colombia ha evitado responder durante décadas. Hoy, sin embargo, se hace inevitable.

La identificación de un sector de la población con figuras como Abelardo de la Espriella, que encarnan discursos de fuerza, humillación o violencia, no surge de la nada. Es el resultado de una historia marcada por el conflicto armado, la desigualdad extrema y la normalización del abuso como forma de poder. Pero también revela algo más profundo: un país que aún no decide si quiere superar sus heridas o seguir habitándolas; si supera su clasismo y su racismo, o se mueve hacia una sociedad más ecuánime.

La fascinación por la violencia como identidad

Los gritos, las amenazas veladas, la retórica de “estripar” al oponente y la idea de que el adversario es un “enemigo” no son simples excesos verbales.

Son síntomas de una sociedad que ha aprendido a comunicarse desde la confrontación. Una sociedad donde la violencia no solo se ejerce: se admira.

Es la trágica imagen de un país que se siente estigmatizado, pero sigue marchando al tambor de la violencia.

Que parte de la ciudadanía se identifique con personajes que han defendido a poderosos involucrados en graves delitos, o que han sido señalados por organismos internacionales por presuntas violaciones a los derechos humanos, habla de una cultura política donde la agresividad se interpreta como carácter y la humillación como liderazgo.

La puesta en escena de relojes costosos, camisetas convertidas en trofeos y gestos de ostentación no son detalles superficiales.

Funcionan como símbolos de un modelo social que Colombia no ha logrado superar: el clasismo crónico, donde una clase media que a duras penas tiene más que la pobre se cree superior y más cercana a los Rolex y a las estrellas.

Por eso no sorprende que haya quienes con camándula en mano se indignen porque un anciano reciba 230 mil pesos. La moral religiosa convive sin conflicto con la crueldad social. La compasión se predica, pero no se practica.

Lo cierto es que una jornada electoral —o de movilización— funciona como un espejo. No solo elige gobernantes: revela quiénes somos. Si una sociedad digna camino a la reconciliación y al amor por el medio ambiente, o una violenta lista para acabar con todo en medio del odio al otro.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *


El periodo de verificación de reCAPTCHA ha caducado. Por favor, recarga la página.

Reciente

Únete a Bandalos magazine

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *


El periodo de verificación de reCAPTCHA ha caducado. Por favor, recarga la página.

Reciente