El sueño europeo

París, 8 de agosto de 2026.

«¿Madrina, qué se necesita para viajar a España? ¿Qué documentos o requisitos piden? He estado pensando en irme a Valencia, en España…»

Hace unos días, mi ahijada, desde Colombia, me envió este mensaje. Una simple pregunta administrativa, en apariencia. Pero detrás de esas pocas palabras se esconde un proyecto que atraviesa a miles de familias colombianas: irse.

Irse para salir adelante. Irse porque en otro lugar parece posible lo que aquí resulta difícil. Irse para ganar en euros, ayudar a la familia, ofrecerles otro futuro a los hijos, vivir en un país donde la seguridad y la estabilidad parecen menos frágiles.

Durante mucho tiempo, el sueño migratorio colombiano tuvo un rostro: Miami y Estados Unidos. Poco a poco, ese destino está cambiando. Estados Unidos sigue siendo el principal país de acogida de los colombianos en el exterior, aunque su política migratoria se ha endurecido en los últimos años y son menos quienes lo eligen. Europa, en cambio, atrae cada vez más, especialmente España, donde el idioma, la historia compartida y, en algunos casos, las redes familiares facilitan la instalación.

Más de 20.400 personas de origen colombiano viven en Valencia, alrededor del 2,4 % de su población. En toda la provincia son cerca de 58.000.

¿Está el sueño americano convirtiéndose en un sueño europeo?

Se calcula que entre 700.000 y 800.000 personas nacidas en Colombia residen hoy en España. Muchas llegaron en los últimos años. Algunas con un título profesional y un proyecto laboral. Otras con una esperanza más sencilla: encontrar trabajo, enviar dinero a sus familias y construir una vida más estable.

Porque detrás de la imagen de un salario en euros se esconde una realidad menos brillante. Los arriendos son caros, los empleos pueden ser precarios y, sin papeles, muchos terminan condenados a trabajos informales y mal pagados. El euro seduce, pero los gastos también aumentan. Cambiar de moneda no cambia las dificultades de la vida.

España, sin embargo, ha abierto una nueva perspectiva para cientos de miles de extranjeros que ya se encontraban en su territorio. La regularización extraordinaria anunciada por el Gobierno de Pedro Sánchez está dirigida a quienes viven en España desde antes del 1 de enero de 2026 y cumplen los requisitos establecidos. Una oportunidad para quienes llevan años esperando salir de la sombra. Pero no para quienes tomarán un avión mañana.

Lizeth, una joven madre de un niño de 7 años, originaria de Cali, llegó a España hace siete años con una visa de turista. Su pareja ya llevaba tres años instalado allí. Unos meses después, quedó en situación irregular. Durante un control en la frontera francesa vivió la angustia de una posible expulsión. Hoy cumple las condiciones para solicitar un permiso de residencia.

Su historia se parece a la de muchas otras personas: una llegada llena de esperanza y luego una larga espera para obtener el derecho a vivir con normalidad. Pero Lizeth no ha vuelto a Colombia desde que se fue en 2019. Primero, porque no podía correr el riesgo de salir del país sin documentos. Después, porque un tiquete de ida y vuelta representa una suma imposible de reunir.

«Uno termina acostumbrándose», me dijo, con cierto fatalismo.

Sin embargo, se anima cuando hablamos de aquello que extraña. En unos segundos regresan los olores, los sabores, los recuerdos. El chontaduro, el jugo de guanábana, el chunchullo, el sancocho de leña. Palabras que la devuelven a Cali, a una vida que quedó atrás.

En 2025, los colombianos que viven en el exterior enviaron más de 13.000 millones de dólares a su país. Una suma enorme que sostiene a miles de familias. Pero detrás de esos miles de millones hay ausencias. Padres separados de sus hijos, a quienes solo ven a través de la pantalla de un teléfono. Generaciones que crecen con la idea de que su futuro quizá está en otro lugar.

Carlos, instalado desde hace 21 años en el sur de España, logró finalmente obtener un permiso de residencia de larga duración. Hoy incluso piensa solicitar la nacionalidad española. Sin perder por ello la nacionalidad colombiana.

Su consejo para quienes quieren partir es sencillo:

«Venir hoy sin nadie que lo espere a uno allá, sin ahorros para sobrevivir los primeros meses, sin ninguna garantía de que un empleador lo va a mantener, es muy incierto. Una cosa es llegar donde la familia ya está instalada. Otra muy distinta es llegar sin nada».

Mientras Colombia cuenta con una generación más preparada, más conectada con el mundo que las anteriores, queda una pregunta abierta: ¿Seguirá creyendo la nueva generación en su futuro en Colombia?

«¿Qué se necesita para viajar a España?», me preguntaba mi ahijada.

La respuesta cabe en unos cuantos documentos administrativos. Pero esos papeles no dicen nada de lo que realmente hace falta para irse: el valor de dejar atrás a los suyos, la paciencia para esperar, la capacidad de empezar de nuevo en otro lugar y el riesgo de enfrentar mil situaciones.

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