De Pie
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Paris, 21 de febrero de 2026.
Ayer, 20 de febrero de 2026, la revista institucional de la Cámara de Representantes de Colombia informó que Miguel Polo Polo finalmente compareció en el Patio Rafael Núñez del Capitolio Nacional. Lo hizo con la intención de dar por cumplidas las obligaciones impuestas por la Sentencia T-375 de 2025 de la Corte Constitucional de Colombia, que le ordenó actos de reparación tras la vandalización, en 2024, de una exposición en homenaje a las 6.402 víctimas de ejecuciones extrajudiciales. Las Madres de Soacha (MAFAPO), que habían anunciado previamente que no aceptarían un acto cuyas condiciones consideraban impuestas, no asistieron.
Vale la pena retroceder un poco para entender el origen de la indignación de las madres.
El 4 de septiembre de 2025, la Sala Séptima de Revisión de la Corte Constitucional había ordenado a Miguel Polo Polo varios actos de reparación tras la vandalización de la exposición artística Mujeres con las botas bien puestas, organizada el 6 de noviembre de 2024 por MAFAPO y la Fundación Rinconesarte Internacional (FRI).
Según la sentencia, Miguel Polo Polo debía:
- devolver las botas que retiró o coordinar la restitución si no las conserva;
- presentar una disculpa pública en sus redes sociales reconociendo la legitimidad de la exposición y la inexactitud de sus afirmaciones sobre un presunto pago a las madres;
- coordinar con el Congreso de la República, MAFAPO y FRI la reprogramación e instalación de la exposición en el Patio Rafael Núñez del Congreso;
- ofrecer disculpas solemnes en dicho acto público, transmitido por sus redes sociales y los canales del Congreso de la República.
Por lo tanto, nada indica que estas disposiciones se hayan cumplido ayer.
En diciembre pasado, Miguel Polo Polo era esperado por las familias de MAFAPO para esa ceremonia pública de retractación y disculpas. Su inasistencia constituyó una ofensa simbólica tanto al derecho como a las familias de las víctimas de estos crímenes cometidos por el Ejército.
Al no respetar las condiciones fijadas por la Corte —el contexto, el marco y la solemnidad requeridos—, el representante volvió a menospreciar a las víctimas. Reavivó una herida simbólica profunda, considerando el vía crucis que las familias de los “falsos positivos” han tenido que atravesar para lograr el reconocimiento de los hechos. Las revictimizó. Una vez más.
El 4 de febrero, el Juzgado 30 Civil del Circuito de Bogotá fijó nuevamente para el 20 de febrero de 2026, a las 10:00 a. m., este acto público de disculpas. MAFAPO rechazó esa nueva fecha, objetando que se les impongan las condiciones de su reparación. Varias representantes expresaron con claridad y firmeza su postura. Porque una reparación no es una formalidad administrativa que se programa a conveniencia. Supone un reconocimiento sincero del daño causado y la aceptación de la posición de quienes fueron heridas. Cuando las víctimas deben negociar la fecha, las modalidades e incluso el espacio en el que serán reconocidas, la reparación cambia de naturaleza. Se convierte en una relación de fuerza.
En 2021, Colombia dio un paso histórico al reconocer la magnitud de las ejecuciones extrajudiciales. La verdad judicial está establecida. La memoria está protegida. Pero el reconocimiento institucional no exime del respeto.
Las Madres de Soacha ya no esperan que se demuestre la existencia del crimen. Esperan que esa verdad se viva como una obligación moral y no como una concesión política. No se trata de un desacuerdo ideológico. Se trata de la manera en que un representante del Estado trata a quienes vieron a sus hijos asesinados y luego presentados como enemigos de la patria.
Hoy, las familias mantienen la cabeza en alto, porque ya no tienen razón para bajarla, como se les impuso durante demasiado tiempo.
En francés, para referirse a quien no cede, a quien sostiene su posición pese a la presión, la expresión equivalente a “mantenerse firme” es más gráfica y, literalmente, dice “mantenerse derecho dentro de sus botas”. Evoca a alguien que no se dobla, que conserva el equilibrio y la dignidad frente a la adversidad.
En el caso de las Madres de Soacha, la metáfora supera el simple modismo. Las botas que transformaron en símbolos de memoria fueron arrancadas, arrojadas y cuestionadas. Sin embargo, ellas permanecieron de pie. Firmes en su exigencia de verdad, firmes en su negativa a aceptar una reparación impuesta, firmes en la defensa de la dignidad de sus hijos.
A veces, las expresiones encuentran —trágicamente— su pleno significado en la realidad.
Guylaine Roujol
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