El día que expulsaron a Gustavo Petro: ¿se repite el sectarismo en la izquierda?
El día que expulsaron a Gustavo Petro: ¿se repite el sectarismo en la izquierda?
Cuota:
La Dirección Nacional del Polo Democrático Alternativo -PDA- en el año 2010 expulsó del partido a Gustavo Petro acusándolo de traición por un supuesto acuerdo secreto con Juan Manuel Santos. El sancionado se retiró, fundó su propia organización política, se hizo Alcalde de Bogotá y hoy es el Presidente de Colombia. Perdonó a sus verdugos quienes hoy lo acompañan en su gobierno. Ahora esos mismos jueces repiten la fórmula, acusando de traidor al candidato presidencial Roy Barreras.
Esta historia comenzó en julio de 2009. La troika que controlaba la dirección nacional del PDA propuso escoger por unanimidad al presidente del partido, el magistrado Carlos Gaviria, como su candidato presidencial. Por decisión de mi organización “Agenda Bogotá”, lideré un pequeño grupo de miembros de la Dirección Nacional del partido para oponernos a esa idea.Propusimos promover una Consulta Popular para escoger al candidato. Un mecanismo nunca antes utilizado por la izquierda democrática y reglamentado por la ley. Argumentamos que era un mecanismo más democrático que una mera decisión interna de bolígrafo. Adicionalmente tendríamos un mayor tiempo y espacio para nuestra campaña electoral. Recuerdo que me acompañaron el hoy Embajador, Daniel García-Peña y Guillermo Asprilla (qepd).
Estábamos en una absoluta minoría, pero nuestros argumentos eran contundentes. ¿Cuál era el problema si lo intentábamos? La troika afirmaba que era una perdedera de tiempo, ya que no había otros aspirantes a ser candidato presidencial del partido. Fuimos conscientes que era una herejía. En ese tiempo Carlos Gaviria era un personaje en el partido y en el país. Lo admirábamos como un brillante magistrado integrante de la denominada “Corte de Oro”, con unas sentencias judiciales históricas, con una profunda concepción moderna y liberal. Pero no lo veíamos como un político y como la persona indicada para liderar procesos alternativos de cambio como los que soñábamos. Requeríamos nuevos y más jóvenes liderazgos.
La diferencia esencial con el maestro Gaviria se daba en el plano ideológico. Estábamos convencidos que el alzamiento armado era un grave obstáculo para el avance del proyecto transformador. El maestro, como le decíamos, no paraba de legitimar a la insurgencia con argumentos jurídicos. Nunca admitió que la persistencia de la lucha armada era la estrategia preferida de las derechas para negar los procesos democráticos.
Con los héroes inmolados José Antequera y Bernardo Jaramillo, desde las aulas universitarias, juramos dar la vida para enrumbar a las izquierdas por el camino de la lucha política civil, democrática y de masas, entendiendo que la persistencia del conflicto armado era el principal obstáculo para transformar a Colombia y conducirla a grandes cambios sociales y políticos. En ese modelo logramos vincular a Carlos Pizarro y a Óscar William Calvo. La vida nos ha dado la razón, una vez desapareció el levantamiento insurgente, las izquierdas hemos logrado los éxitos de hoy. A todos ellos los asesinaron sin saber que cortaban las flores pero jamás impedirían la incontenible primavera. Miles de compañeros y amigos murieron en esta gesta en la búsqueda de lo que hoy comienza a ser una realidad.
Ante la falta de argumentos y con nuestra desaforada insistencia, logramos que se nombrara una comisión que yo lideraría con el propósito de buscar posibles candidatos para la Consulta Popular sugerida. Si encontrábamos candidatos se haría la consulta, de lo contrario se ungiría al maestro.
Hoy debo confesar públicamente, que una vez se terminó esta reunión, con Daniel y Guillermo y otros dos compañeros, nos fuimos inmediatamente a la oficina del senador Gustavo Petro para compartirle la nueva situación. Ya Petro había promovido importantes debates de control político, denunciando al paramilitarismo y su financiamiento a las campañas de Álvaro Uribe, desenmascaró a alias la Gata, a las Convivir y a la banda de los doce apóstoles liderada por el hermano del presidente Uribe. Sin embargo aún era poco reconocido a nivel nacional.
Luego de escucharnos, la primera reacción del senador fue la incredulidad. Nos dijo que esa era una burda maniobra de la troika. Afirmó que la idea era hacerle una celada para quemarlo. La conversación fue muy animada y un fuerte argumento para convencer a Petro de aceptar el reto de participar en la Consulta Popular, fue el de que todos los miembros de esa comisión estábamos dispuestos a votar por él y que yo redactaría un protocolo de garantías para evitar cualquier maniobra de la troika.
Luego se llevó a cabo una nueva reunión de la Dirección Nacional del PDA, con la presencia del senador Gustavo Petro. Yo presenté mi proyecto de metodología y de garantías para la Consulta Popular y con un fuerte aplauso le dimos inicio a la competencia. Esa mañana vi a un Petro con una plena sonrisa caribe de satisfacción y picardía inocente, como cuando los alumnos logran someter al profesor. Sabíamos que lo habíamos logrado. El reto ya estaba sobre la mesa.
El resto ya es historia conocida. El 27 de septiembre de 2009 un desconocido joven senador en el papel de David, logró derrotar a Goliat. Un acto iconoclasta absolutamente imperdonable. Gustavo Petro ganó con 223.627 votos que representan el 49.6%, frente a 203.449 votos que obtuvo Carlos Gaviria el 45.1% de los 450.589 votos obtenidos por el PDA en esa Consulta Popular. El maestro Gaviria se retiró de la vida política abandonando el partido y sin darle respaldo al nuevo candidato presidencial.
El 20 de mayo de 2010 el candidato presidencial Gustavo Petro obtuvo 1.331.267 votos, el 9,13%, ocupando el cuarto lugar. Como era tradición y en un acto de legitimación política, el senador Petro reclamó la presidencia del partido ante el retiro del maestro Gaviria. La respuesta fue contundente, un NO rotundo y redondo, porque según los dirigentes del Polo, era un traidor por mantener un acuerdo secreto con el presidente electo Juan Manuel Santos.
El conflicto se originó desde el principio. Gustavo Petro no había sido fundador original del Polo en el año 2002. Recuerdo que con Antonio Navarro, en una inolvidable competencia de artistas y profesionales del diseño, escogimos el logo y los colores del nuevo partido, una maravillosa experiencia que sirve de ejemplo en la pedagogía política de las nuevas generaciones del progresismo y de las izquierdas. Conservo los archivos con los primeros borradores de los estatutos y la declaración de principios. Luego, con el ingreso de nuevas fuerzas se cambió su nombre por el de Polo Democrático Independiente -PDI-
Petro llegó al Polo Democrático en diciembre de 2005, con la organización Alternativa Democrática y otras fuerzas de izquierda como el Frente Social y Político, el Moir, PCC y la UP. Con esos ingresos el partido cambió de nombre para denominarse Polo Democrático Alternativo-PDA-.
El mejor modelo de una organización política moderna, de izquierda, plural y diversa, con tendencias reconocidas y organizadas lo fue el Polo. Su fundación fue un hito que persevera. Su gran falencia es la de haber sido capturado por una troika que en ese entonces se consolidaba en el conflicto contra Gustavo Petro que se manifestó desde el primer día de su ingreso. Era una repulsión manifiesta, con un profundo sabor humano y pasional, cero ideologías, había envidia y odio. El típico síndrome de que en este gallinero no caben varios gallos.
El señor Presidente Gustavo Petro, un hombre inteligente y audaz, decidió perdonar a sus verdugos que lo expulsaron del Polo. Sabiendo que no hay peor castigo que el perdón, ahora mantiene a sus antiguos sayones en el equipo de gobierno. Los jueces del expulsado siguen vigentes y a su lado, como ejemplo de perdón y olvido. Pero ha faltado el compromiso de la no repetición.
Lo perverso del asunto es que la misma historia se pretende repetir ahora como peligrosa comedia. Quienes expulsaron a Petro acusándolo de traición, hoy son los mismos que señalan y ponen a Roy Barreras en el mismo banquillo de los acusados. Roy ahora es el nuevo traidor. La acusación se fundamenta en que no renunció a su aspiración de ser candidato presidencial y se negó a acatar la orden de retirarse de la competencia electoral para adherir al candidato del Pacto Histórico. La vieja fórmula del sectarismo: Eres un ángel cuando me acompañas y un demonio cuando te vas. Tus votos son la democracia cuando me apoyas, pero esos mismos votos son clientelismo y maquinaria cuando se van.
Roy Barreras, como en su momento lo fue Gustavo Petro, hoy ya ha sido condenado por los mismos jueces. Pero se repetirá la historia y el nuevo sancionado volará muy alto logrando muchos triunfos. Gustavo Petro y Roy Barreras, probados jefes políticos, sabrán superar este obstáculo enfrentando el sectarismo iniciático, ignorando las condenas, uniendo fuerzas y saliendo triunfadores. Nada impedirá el Gobierno del Cambio 2.0.