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El Juego del fraude

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Paris, 7 de marzo de 2026.

Colombia ha entrado en un período electoral intenso. La elección de los miembros del Congreso de la República para el período 2026‑2030, tanto del Senado como de la Cámara de Representantes, el 8 de marzo, seguida de la elección presidencial el 31 de mayo, con una eventual segunda vuelta el 21 de junio. Estos comicios se anuncian tensos, y a veces incluso peligrosos en ciertas zonas rurales de alto riesgo, debido a una combinación de factores históricos y contemporáneos que incluyen la violencia de grupos armados disidentes, el clientelismo y el fraude electoral, sobre un trasfondo de marcada polarización política.

El 27 de octubre de 2019, durante las elecciones locales y regionales que dieron la victoria a Claudia López en Bogotá, a Daniel Quintero en Medellín y a Jorge Iván Ospina en Cali, reflejando el ascenso de candidatos independientes y alternativos en las grandes ciudades, yo me dirigía a La Guajira. Mi destino final se encontraba en una comunidad wayúu, donde debíamos construir un aula adicional para una pequeña escuela indígena, no muy lejos del Cabo de la Vela y de Uribía.

Al llegar a Riohacha, el conductor nos advirtió: ¿habíamos almorzado? Los restaurantes a lo largo del camino ya estaban movilizados por las elecciones. Y, efectivamente, en algunos lugares vimos filas y restaurantes donde las comidas parecían distribuirse en el marco del proceso electoral. Este clientelismo abierto, arraigado y asumido, ilustraba perfectamente los mecanismos locales que orientan – por decirlo suavemente – el voto, y revelaba una tradición política en la que el vínculo entre candidatos, comunidades y recursos públicos era palpable.

Dos años y medio después, en las presidenciales de 2022, me ofrecí como observadora internacional en una misión de observación electoral. Mi labor me llevó de Bogotá a Cali y Buenaventura.

Los riesgos constatados a nivel nacional fueron numerosos: un software electoral cuestionado, injerencias institucionales cuando militares y altos funcionarios se pronunciaron públicamente en contra de ciertos candidatos, compra de votos facilitada por contratos públicos, amenazas y violencia contra líderes sociales, excombatientes de las FARC y otros ciudadanos en cerca de 300 municipios… Sin olvidar el impacto del desplazamiento forzado, que impidió que numerosas comunidades pudieran votar, especialmente en Buenaventura, donde miles de personas no pudieron acceder a las urnas.

Incluso en una democracia moderna, los factores que influyen en el voto en pequeñas localidades como La Guajira se amplifican a escala nacional: presión sobre los electores, violencia, influencia de clanes y fragilidad institucional persisten.

En 2026, los debates sobre la transparencia y la confiabilidad del voto vuelven a ocupar un lugar central en la discusión pública colombiana. El Pacto Histórico ha implementado una especie de “Registraduría propia”, un dispositivo paralelo de seguimiento y cruce de las actas para verificar la concordancia con los resultados oficiales. Una iniciativa que refleja claramente desconfianza hacia el sistema electoral.

Las acusaciones se multiplican: algunos candidatos denuncian intentos de manipulación de votos en ciertas zonas, mientras que otros advierten sobre presiones ejercidas sobre los votantes en el exterior. Cada bando vigila y cuestiona las prácticas del otro, reforzando un clima de incertidumbre.

Más allá de la esfera política, la sociedad civil y los observadores señalan deficiencias estructurales: falta de publicación de la financiación de campañas, amenazas contra periodistas y fuerzas del orden, influencia de grupos armados. Aunque estos hechos se mantengan localizados, alimentan la percepción de que la integridad del voto puede estar comprometida.

Los temores de fraude no son meras preocupaciones abstractas: reflejan la tensión social, la fragilidad institucional y el miedo. Y plantean una pregunta simple pero estremecedora: en Colombia, ¿podrá cada voto realmente hacer la diferencia, o seguiremos viendo cómo la democracia se dobla ante las fuerzas que buscan controlarla?

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