Soldados sin bandera
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Después del café, las flores y la droga, ¿serán los exmilitares los nuevos “productos” de exportación?
Esa es la pregunta que ahora se hacen los investigadores de la policía judicial de Lyon, en Francia, tras la captura, con poco más de un año de diferencia, de dos comandos de mercenarios colombianos en la tercera ciudad más grande de Francia, detrás de París y Marsella, a unas dos horas en tren de la capital.
Una investigación del diario Le Monde reconstruyó las ramificaciones de un caso fuera de lo común, sacando a la luz una práctica nueva: contratos ilícitos confiados a mercenarios colombianos, con más o menos éxito, dentro de una lógica de internacionalización del crimen.
En esta ciudad, conocida por su gastronomía, su patrimonio histórico y su calidad de vida, a aproximadamente 9.000 kilómetros de Bogotá, tres antiguos militares fueron arrestados a finales de 2024. Uno de ellos habría servido once años en el Ejército colombiano; otro habría trabajado, entre otras cosas, en una unidad antinarcóticos; el tercero también se presentó como exmilitar. El caso salió a la luz cuando uno de los tres hombres llegó de manera espontánea a una estación de policía para contarlo todo. Este treintañero sorprendió a los investigadores describiendo un plan de asesinato de un narcotraficante en Lyon, del que no sabían nada, para el cual los tres hombres habían sido trasladados a Francia, alojados, alimentados y… fuertemente armados.
¿Por qué lanzarse así a la boca del lobo? Porque, según su relato, creía estar cumpliendo una misión de seguridad y se encontró atrapado al llegar a Francia. La investigación derivó en otras detenciones de delincuentes locales, varios de ellos ya conocidos por la policía, especialmente por delitos de narcotráfico. Dos de los tres colombianos arrestados a finales de 2024 también habrían participado en una expedición punitiva local, en medio de la guerra entre bandas vinculadas al tráfico de drogas. El autor intelectual, si no lo han señalado, sería un narcotraficante francés encarcelado en La Picota.
A comienzos de 2026, otros cuatro colombianos fuertemente armados fueron arrestados mientras también permanecían varios meses en la región de Lyon. Como en el primer grupo, uno de ellos mencionó una misión de seguridad, asegurando haber sido atrapado al llegar a Francia. Sospechosos de ser los autores de un tiroteo ocurrido en noviembre de 2025 en un restaurante de un municipio limítrofe al oeste de Lyon, que dejó un muerto —aparentemente por error de objetivo—, negaron toda implicación. Fueron imputados por “participación en una asociación de delincuentes para la preparación de un crimen en banda organizada” y “posesión de armas”.
Según Le Monde, citando una fuente de seguridad francesa, más de treinta colombianos estarían en la región de Lyon con fines muy distintos al turismo. Esto refuerza la hipótesis de una red sudamericana de asesinos en esta zona de Francia, que registró un aumento de homicidios en 2024 y 2025, una parte significativa relacionada con el narcotráfico y las rivalidades entre bandas, aunque sin alcanzar los altísimos niveles de Marsella.
Estos arrestos forman parte de un fenómeno mucho más amplio.
El esquema recuerda al del asesinato del presidente haitiano Jovenel Moïse, en 2021, donde antiguos militares colombianos afirmaron haber sido contratados para labores de seguridad sin conocer —según su versión— el verdadero objetivo de la operación.
En paralelo, un informe de la ONU y documentos presentados por Sudán ante el Consejo de Seguridad indican que cientos de colombianos, incluidos exmilitares, fueron reclutados a través de empresas privadas bajo el pretexto de misiones de seguridad, antes de ser enviados a combatir en la guerra civil sudanesa. Según investigaciones periodísticas, algunos mercenarios declararon haber sido engañados sobre la verdadera naturaleza de su misión, creyendo que se trataba de tareas de seguridad o de capacitación antes de ser desplegados al frente.
Otros exmilitares participan actualmente en el conflicto entre Ucrania y Rusia, una guerra que se ha convertido en una auténtica matanza, con muertes y mutilaciones todos los días. A finales del año pasado, dos de ellos fueron condenados a 13 años de cárcel en Rusia, país que no les reconoce derechos según las Convenciones de Ginebra sobre prisioneros de guerra, precisamente porque los considera mercenarios.
¿Se ha convertido el mercenarismo en una salida laboral para antiguos militares sin perspectivas? A fuerza de guerras internas, Colombia ha formado soldados experimentados. ¿Ha creado, sin quererlo, una élite militar exportable?
Al parecer, sus competencias alimentan ahora un mercado donde la línea entre guerra, crimen organizado y mercenarismo se vuelve cada día más borrosa.
Guylaine Roujol
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