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Uribe y el Club el Nogal, pistas de entrada de la mafia mexicana en Colombia

Uribe y el Club el Nogal, pistas de entrada de la mafia mexicana en Colombia

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Por Daniel Mendoza Leal

@elquelosdelata

Frente al mismo ventanal en el que Salvatore Mancuso solía desayunar, ubicado a 17 pisos de altura, mientras chapaleaban los niños en la piscina del Nogal, se reunía en las tardes con importantes empresarios de la élite bogotana y grandes hacendados terratenientes, el Clan de los Cifuentes Villa, la familia de narcotraficantes que le abrió las puertas a la mafia mexicana en Colombia, asociados del chapo Guzmán, lavadores de dólares del cartel de Sinaloa y familiares directos de Álvaro Uribe Vélez, quien fue el que los presentó en el Club como socios, a través de una de sus empleadas, Marta Medina, la Cónsul de Colombia en países bajos. La junta directiva de dicha corporación le dio un aplauso sonoro a los miembros de esta reconocida familia de narcotraficantes, les estiró un tapete rojo y los ungió con el estatus de industriales muy prestantes.

Hildebrando Cifuentes, Mario Cifuentes, Milton Cifuentes, Dolly Cifuentes esposa del fallecido Jaime Alberto, hermano menor del expresidente Uribe, capturada y extraditada por lavado de activos, y la sobrina del mandatario, Ana María Uribe Cifuentes, también apresada y cuyo paradero actual es incierto, gestionaron todos aquellos ilícitos transnacionales en la Corporación Club El Nogal, pero además allí se dieron las relaciones que les permitieron canalizar divisas oscuras, a través de una compleja red corporativa de 12 empresas que realizaban negocios multimillonarios con entidades públicas y privadas.

Los negocios de los Cifuentes Villa fueron cerrados en las mismas mesas donde había departido Mancuso con esa nueva clase alta capitalina. Allí sobornaban funcionarios públicos y realizaban contactos con los empresarios y ganaderos que les colaboraban con la operación de lavado. Nadie creería que en el Club de los nuevos comerciantes colombianos surgidos tras la bonanza de dólares que trajeron los carteles en los ochentas, centro de operaciones donde los altos mandos del gobierno coordinaban reuniones con paramilitares y narcotraficantes, era donde se afianzarían las alianzas que servirían de puerta de entrada del narcotráfico mexicano a Colombia.

Ana María Uribe Cifuentes, sobrina directa del expresidente, capturada en el 2012 y quien al día de hoy no aparece registrada en ninguna cárcel del país, es la esposa de uno de los hijos de Fabio Ochoa Vasco, socio en el negocio de la cocaína de su tocayo y casi homónimo Fabio Ochoa Vásquez, uno de los míticos hermanos Ochoa, primos, patrocinadores, socios y amigos del capo de capos, nuestro dos veces  presidente, Álvaro Uribe Vélez.

Fabio Ochoa Vasco, mafioso de vieja data, discípulo devoto de Pablo Escobar y lugarteniente de Don Berna, fue precisamente quien brindó testimonio, respecto del apoyo que a Uribe le dio el paramilitarismo en la campaña para la primera presidencia.

Aquel profesional del narcotráfico egresado de las más oscuras organizaciones criminales del país, miembro tanto del Cartel de Medellín como de los Pepes, quien había vivido en México en el año 94, logrando durante su estadía importantes relaciones con la naciente mafia mariachi,  llega a las AUC debido a la amistad que logra con el ya mencionado miembro honorario del Nogal, Salvatore Mancuso, a quién le sirve de relacionista público presentándole a sus amigos de Sinaloa, quienes le ayudaron a comercializar grandes cantidades de cocaína y además a realizar las importaciones del armamento que requería su organización, consistente especialmente de fusiles Ak´s y R-15´s que salieron de México y que fueron introducidos por Honduras.

Mancuso lo invita a una colecta realizada en pro de aquel Gobernador Antioqueño que para esa época quería ser presidente y que tanto les había ayudado a crecer, cuando como caído del cielo, después de haber pasado por la Aerocivil, les creo las Convivir que sirvieron de polo a tierra del paramilitarismo con la institucionalidad y el ejército. El narcotraficante Ochoa Vasco asegura que Mancuso también le ofreció un puesto en Justicia y Paz, garantizándole que Uribe le podía abrir un espacio en la reinserción haciéndolo pasar por paramilitar.  

Según, Fabio Ochoa Vasco – quien, obligado por la semejanza nominativa con el primo del expresidente Uribe, Fabio Ochoa Vázquez, el menor de los hermanos Ochoa, ya se había cambiado el nombre y ahora le llamaban Carlos Mario Vega alias Kiko- Mancuso acordó el apoyo con el presidente Uribe, que recibió 10 millones dólares por parte de cada uno de los 12 cabecillas de las AUC, que en compensación recibirían entre 6 y 12 años, la pena de un atracador de relojes, por las tantas volquetadas de muertos que no paran de gritar en las fosas sin cruces y las toneladas de coca que le habían metido a esa nariz grandota llamada Norteamerica, que se lo chupa todo. De encime les dejaba las tierras, mansiones, apartamentos, Toyotas, yates, jets, el resto de los lujos y los millones de millones de dólares que habían hecho matando y traqueteando. Uribe llegó a la presidencia y le cumplió a la mitad de ellos, a los otros se les torció. Les puso el vestido naranja y los mandó extraditados a la Florida, donde a él ya los gringos lo tenían reseñado como el narcotraficante 82 y estaban listos para echarle el guante. No había nada que hacer, o era Uribe, el presidente de este charcal sudaca, o eran ellos, sus amigos los paracos.

El eslabón perdido viene siendo nuevamente ese Club empotrado en la carrera 7, del cual también era socio Marco Antonio Gil alias el Papero, quien fuese capturado en septiembre de 2013, precisamente por ser parte de la organización criminal de exportación de cocaína del mencionado Ochoa Vasco, ficha de los carteles mexicanos y ex socio de Mancuso. Por su ruta el Papero puso a volar coca hacia Houston y los dólares que llegaban de vuelta los invertía en sociedades especialmente de finca raíz, sirviéndose del Nogal para involucrar empresas y socios en sus lucrativos negocios, que terminaron saturando un portafolio inmobiliario de varios miles de millones de pesos.

En los salones del Club el Nogal, El Papero Gil, Dolly Cifuentes, su hija Ana María Uribe Cifuentes y su esposo, el hijo de Ochoa Vasco, al amparo de la aquella encochinada realeza citadina, estructuraron una de las organizaciones criminales de la década que más droga introdujo a Estados Unidos y qué, a través de una decena de empresas, algunas de las cuales también estaban vinculadas al Nogal, canalizaron dinero del narcotráfico, haciendo uso de los sólidos contactos que en dicha Corporación edificaron con los empresarios que frecuentaban el lugar y que se encargaron de esparcir como regadera el producto de estas divisas sobre la economía nacional.

Hoy, todo cobra sentido. Richard Maock, investigador del CTI que se vio obligado a exiliarse en Canadá, acaba de publicar el audio de la entrevista que le realizó al jefe de seguridad de la empresa Air Cargo Lines, quien asegura que el expresidente Álvaro Uribe Vélez, hoy reconocido como el mejor senador que tiene Colombia, se asoció con el Chapo Guzmán para enviar más de 10 mil kilos de cocaína a Estados Unidos. Se alcanza a ver la sombra de aquel hombre metido en su palacio, que estaba detrás de las dos matronas de la mafia, generalas del Clan Cifuentes Villa y socias del reconocido Cartel de Sinaloa.

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