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Los suicidios silenciosos: Las estelas que dejó la violencia en las riberas de los ríos Atrato, Bojayá y Uva

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Los suicidios silenciosos: Las estelas que dejó la violencia en las riberas de los ríos Atrato, Bojayá y Uva

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Por:  Mario Toro, corresponsal de Bandalos

«Los suicidios silenciosos en el Chocó”, es un documental que actualmente está rodando Bandalos, enfocado en la ola de suicidios que se viene dando en este departamento, en las riberas de los ríos Atrato, Bojayá y Uvá.

Adentrándose el equipo de Bandalos en la Colombia profunda, a diez horas de Quibdó y a seis de Bellavista, en el corazón del territorio que compone el municipio de Bojayá, inicia el Resguardo Indígena Emberá Dobida Río Uva y Pogue. Divisando en las orillas las poblaciones de Corazón de Jesús, La Loma, Caimaneros, Piedra Candela, Puerto Antioquia y Pogue, se encuentran ubicadas las comunidades de Santa Lucía, Villa Alta, Tagua, Nuevo Olivo, Charco Gallo y Salina. Pequeñas poblaciones indígenas repartidas, como el nombre del resguardo lo indica, en los ríos Uva y Pogue.

Cuerpos de agua históricamente importantes para el pueblo Dobida, quienes se conocen como ‘gente de río’ y el agua de estos es, según dicen los sabios y sabias de su pueblo, la leche materna que les brinda la madre tierra para sobrevivir. Así como los árboles son huesos y los bejucos sus venas, en un equilibrio perfecto creado por Karagabí, su dios, para que el flujo de energías y la sinergia entre naturaleza y humanidad sea ideal. Y aunque la espiritualidad nunca se desliga del diario vivir de las comunidades Emberá Dobida del municipio de Bojayá, entre ellas viene creciendo una pandemia silenciosa y destructiva que a su paso viene sembrando zozobra.

Para llegar al Resguardo Río Uva y Pogue desde Bellavista, la lancha debe salir temprano, pues son entre cinco y siete horas de recorrido. Los ríos son quienes marcan el paso del andar. Olfito Chamí, quien trabaja como puntero en las lanchas, viste una camiseta del FC Barcelona con el ‘9’ grabado atrás. Puntero en la lancha y en el fútbol, al parecer. Mientras tanto en la parte de atrás Erison Sarco, con un sombrero vaquero como cabalgando aquella lancha de madera y remaches metálicos, hace de motorista por tres ríos, cada uno tan imponente y bello como el otro.

El Atrato, un río cuya historia y la majestuosidad de su presencia se roba algún suspiro y captura todas las miradas. El Bojayá que envuelve a quien lo recorre con un silencio que se rompe con el estridente sonido de algún motor de cuando en cuando, y es bañado por el ardiente sol que lo ilumina desde los primeros visos amarillos de la mañana, hasta que llega el ocaso y se confunde con lo oscuro de la noche. Y finalmente el Uva que corre paciente, como si no estuviese allí, besando las riberas de Charco Gallo y un par de curvas después, también las de Salina. Los tres ríos son testigos de un sentir constante de vulnerabilidad, como una tensa calma envolvente y abrumadora bajo la mirada de aquellos que no se ven, pero siempre están vigilantes, patrullando y controlando que nada vaya en contra de sus órdenes. El trayecto bien podría ser parte de una creación de Gabriel García Márquez. Entre sitios donde la muerte está impregnada y parece parte de un ciclo perpetuo, el recorrido es mágico. Paisajes como pocos, el silencio del recorrido es acompañado por un cuadro casi macondiano de mariposas amarillas merodeando las aguas de los ríos Bojayá y Uva. Es ahí cuando el porqué de la creación del realismo mágico en un país con un pasado trágico, un presente funesto y, aparentemente, un futuro infausto, toma sentido.

Salina es una comunidad de dos extremos. Su parte baja es una cancha de fútbol de unos 20 o 30 metros que limita con el río, y en la otra punta sobre una pequeña loma, está revestida por una pintura amarilla pálida la escuela, cuya mayor particularidad quizá sea el que está construida sobre el antiguo cementerio, mientras el nuevo cementerio fue hecho al respaldo de la misma. Allí mismo se desarrollan los proyectos productivos de los estudiantes. Una de ellas era Liberia Cansarí Magia, quien cursaba noveno grado y a la edad de 17 años, el 29 de junio de 2021, decidió acabar con su vida. Su hermano medio, Wilfran Apicay, habla de ella a poco más de un año de su partida. Su mirada se pierde firmemente en el vacío, como si allí estuviera, como si al ver a la nada pudiese ver a los ojos a Liberia. “No sé por qué motivo pasó lo del suicidio de mi hermana, ella solo tenía 17 años. Aquí con mi mamá como representante tenemos y cuidamos a su hijo” dice Wilfran, mientras lo ensordecedor de la lluvia que cae sobre el techo de zinc y golpea las tablas de los muros de su casa, camufla cada tanto el tono de su voz que se quiebra cuando habla de su hermana.

Desde el año 2020 la Secretaría de Salud de Bojayá tiene un registro de 23 casos de suicidio en los diferentes resguardos dentro del territorio. Estos hechos, uno tras otro sin mayor explicación, dejando cada vez más preguntas y distintas teorías a su alrededor. Desde lo que se puede percibir por el entorno en el que viven, la explicación que llega de parte de las mismas autoridades de los cabildos en Bojayá, es que debido a la presencia y constante disputa territorial entre la Compañía Néstor Tulio Durán del ELN (Ejército de Liberación Nacional) y el frente Pablo José Montalvo de las AGC (Autodefensas Gaitanistas de Colombia), la situación ha desencadenado múltiples problemáticas que han incrementado la preocupación del pueblo Emberá Dobida. Desde campos minados que impiden las cacerías, por lo que han pasado incluso meses sin comer carne, teniendo que recurrir a especiar los plátanos o bananos, aplastarlos y asarlos para poder recrear el sabor de la carne de guagua, hasta la constante ausencia de pescado en los brazos del río aledaños a los resguardos dan cuenta de la situación difícil que en los últimos años han vivido estas comunidades. A los líderes y lideresas de las comunidades les preocupan los indicadores, y es que, de acuerdo a las cifras entregadas por la Secretaría de Salud municipal, de las 23 personas víctimas fatales 2 son adultos, 20 adolescentes y 1 infante. Además, existe la alarmante cifra del 80% de víctimas, las cuales han sido mujeres según los casos registrados, lo cual revela que la problemática tiene una seria tendencia de género.  

Bojayá

Las creencias ancestrales de quienes son sabedores, guiados por lo que dicen los Jaibaná o médicos ancestrales de cada comunidad, perciben que el terreno en el que viven está plagado de perturbaciones espirituales, resultado de hechos atroces en el marco del conflicto armado en la zona. Según estos sabios que se conectan con los espíritus, en los lugares aledaños a sus comunidades rondan las almas de quienes murieron en medio de combates y quedan como presencias hostiles que en diversas ocasiones han intentado atacar a miembros del pueblo Dobida. Miembros que han manifestado su temor e incluso su deseo de morir debido a estos hechos. Curiosamente, varios de los afectados por estos ataques de las presencias hostiles que habitan las selvas chocoanas, han resultado intentando suicidarse o siendo víctimas fatales de este. El gobernador de Salina, Juan Bertaklin Cansarí, afirma que un jaibaná le comentó que los resguardos indígenas Dobida en Bojayá están dentro de un terreno contaminado y que Karagabí, su dios, ya no les ve, ni les cuida. Pues un terreno que él entregó como sagrado ahora está lleno de cementerios generados por la violencia. 

José Luis Dogiramá Sanapí, miembro del grupo de Misioneros de Bojayá, docente de la escuela indígena de Vigía del Fuerte y traductor Emberá Dobida menciona que el Tazhinadrua, territorio en el que vive la humanidad, vive perturbaciones fuertes que perciben los jaibaná, quienes preguntan a los jai o espíritus sobre lo que viene sucediendo. Por otro lado, su hermano Rolinzon, docente de etnoeducación y conocimientos ancestrales en la comunidad, resalta las particularidades que rodean los casos de suicidios de miembros de los pueblos indígenas en esta zona. La primera es que la mayoría de las personas víctimas han sido mujeres, todas las mujeres que se han quitado la vida, lo han hecho con sus parumas panameñas, prenda distintiva que visten, los principales afectados son menores de edad. Los hombres cuando se suicidan, dicen quienes han sido testigos de momentos previos, se embriagan y “les sube una rabia”, así que se van a sus hogares y allí arman una horca. Todos los casos, tanto registrados por Secretaría de Salud como los registrados por la Guardia Indígena Emberá Dobida del Chocó y los líderes de las comunidades, han sido por ahorcamiento. 

Nidia Cansarí Dogiramá, hermana del Gobernador de Salina, tiene 18 años y cursa grado once en la escuela de la comunidad. Nidia es sobreviviente y comenta que mientras estaba con sus primos desgranando maíz, sintió que un animal negro, como una sombra grande le ordenó ir a un cuarto contiguo, hacer una horca con su paruma y colgarse. Por fortuna sus primos alcanzaron a encontrarla mientras ella yacía colgada en su casa. Se salvó. Nidia es una de las 34 personas que intentaron quitarse la vida en Salina entre los años 2020 y 2022. Eso deja, hasta la fecha, un promedio de 1.03 personas que recurrieron al suicidio al mes en la comunidad. Y así como en Salina en un lapso de tres años van 2 casos y 34 intentos, en otras comunidades el problema no es distinto. Dentro del Resguardo Ríos Uva y Pogue, en las comunidades de Charco Gallo, Tawa y Salina van ocho víctimas y cuarenta intentos. Las cifras en los otros resguardos pertenecientes al municipio de Bojayá tampoco son esperanzadoras: 

  • Resguardo Alto Río Bojayá: 3 suicidios, 4 intentos
  • Resguardo Alto Río Cuía: 8 suicidios -cuatro de ellos miembros de la misma familia- y 10 intentos
  • Resguardo Pichicora-Chicué: 1 intento.

Eso deja como resultado entre los cuatro resguardos y las once comunidades afectadas un total de 19 personas que se quitaron la vida y 55 intentos de suicidio en los últimos 2 años. Una muestra contundente de cómo el cuidado de la salud mental dentro de las comunidades indígenas en el Chocó ha venido convirtiéndose en una necesidad y la atención, según Yirleza Espinosa Cuesta, secretaria de salud de Bojayá, desde la Secretaría de Salud Municipal han venido desarrollando jornadas de socialización y sensibilización sobre la situación en las comunidades. Además de esto han adelantado talleres con padres de familia, talleres con jóvenes, capacitación de líderes salvavidas y capacitación a docentes para que puedan identificar conductas suicidas. Contrario a esto, Luis Fernando Chamí Baritidura, fundador y gobernador de la comunidad de Charco Gallo dice que necesitan y han solicitado ayuda a los distintos gobiernos -municipal, departamental y nacional- sin mayor respuesta. Pide presencia de especialistas en temas de psicología, pues las familias permanecen temerosas por sus menores ya que las víctimas de los 3 casos registrados en Charco Gallo fueron de un muchacho joven y dos mujeres jóvenes de catorce años.

Una de ellas encontrada por Luis Simar Bailarín Molina, jefe de la guardia indígena de Charco Gallo después de que la joven decidiera colgar su paruma panameña en una de las vigas de la Institución Educativa Emberá Chogoro Kuara sobre las once de la noche, un hecho al que aún no le encuentran explicación y ha sembrado cada vez más dudas al respecto. Luis, como jefe de guardia, habla de cómo ha visto la llegada de Ejército, guerrilla, paramilitares y menciona que jóvenes por miedo a que los agredan o se los lleven, deciden acabar con sus vidas. Y es que desde allí entienden la problemática como algo más acá de lo espiritual y culpan principalmente a los distintos grupos armados que patrullan, amedrentan y amenazan a miembros de la comunidad. 

Y es que la situación histórica de las poblaciones indígenas en el Chocó no es de ahora, ni de los últimos años. Los episodios y dinámicas de violencia en el que se ven inmersas vienen desde décadas atrás. Derly Aldana, antropóloga egresada de la Universidad Nacional y coordinadora de proyectos de la FAO Colombia habla del fenómeno histórico que ha sido el suicidio en comunidades indígenas en América Latina. “Recuerdo una situación que se presentó en las selvas del Brasil, donde los indígenas ante la pérdida del territorio se colgaban de las ramas más bajas de los árboles para tener mayor sufrimiento y expresar de esa manera la tristeza por la pérdida del territorio”.

Aldana opina que lo que viene sucediendo en el pueblo Emberá Dobida puede estar asociado a las presiones que sufren como pueblos indígenas y que desde sus creencias y su cultura no pueden encontrar explicación a estas. Incluso algunos paramilitares llegaron a declarar que en medio de la guerra “matar indios no era un crimen porque no son personas”. La violencia no es solo territorial, pues se atentaba contra ellos por diferencias de culto y diversidad de creencias. Y esto se vive dentro de los resguardos y las comunidades, sin embargo, en Bellavista, cabecera municipal de Bojaýa, constantemente, dice Luis Carlos Majoré, miembro de la comunidad de Tawa y docente de Charco Gallo, se le presentan casos de racismo y desprecio a comunidad indígena en entidades como Supergiros. 

Ciertamente la problemática de suicidios dentro de las comunidades indígenas en el Chocó es preocupante. Sin embargo, Bandalos ha tenido acceso a información determinante para entender estos hechos como una ola en constante crecimiento que lo ha convertido en una cuestión de salud pública y no solo a niveles locales o regionales, pues se tiene conocimiento sobre casos que vienen sucediendo en más de seis departamentos del país.  

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